P L É T O R A #3

Desmontando gramáticas con Martí Manen

Especial Arco 2014

Tras asistir a la mesa del Foro Arco 2014 ARCO(e)ditorial Presenta: Modelos y Maneras. Arte, escritura y distribución en el que pudimos conocer los trabajos editoriales de los proyectos Biel Books, Badlands Unlimited, Cocom.press y Triple Canopy entrevistamos al comisario y crítico de arte Martí Manen, director de ARCO(e)ditorial.

FORO Arco 2014
ARCO(e)ditorial Presenta: Modelos y Maneras. Arte, escritura, distribución. Dirige Marti Manen
A.G. ¿Cuál es la genealogía de tu perfil profesional?

M.M. Comencé como joven comisario en casa, haciendo exposiciones en mi propio espacio doméstico, respondiendo a un sistema de preguntas sobre lo expositivo como método para ir al corazón de la práctica expositiva. Nunca he tenido relación con el ámbito académico aquí en España, sí en Estocolmo, donde imparto clases y vivo actualmente.

A. G. El estudio del dispositivo expositivo ha centrado tu trayectoria profesional e investigadora hasta el momento ¿Cuáles son para tí las claves de este elemento?

M.M. Las claves del dispositivo expositivo pasan por el hecho de que es un elemento performativo del arte y de la exhibición en sí misma en el que se da un contacto directo con los elementos que la configuran. En un momento en el que mantenía cierta relación con el MACBA (estaba trabajando en salas) utilicé algunas de las cartelas de sus exposiciones para cuestionarlas como elemento definitorio sacándolas del museo y trabajando con ellas en el ámbito de lo doméstico transitando así los límites del trabajo con el arte para saber qué cosas son necesarias y qué cosas no lo son en una exposición. A través de los materiales concretos podemos llegar a encontrar otras formas de trabajar. Las piezas con las que uno trabaja como comisario deben funcionar en el mejor de los contextos. Este trabajo con los límites llegó hasta la formulación de la pregunta ¿Es posible hacer una exposición sin obras? Pero existe una cuestión pragmática, la relación entre el artista y el comisario a la hora de afrontar una exposición. La labor del comisario debe ser generar tonos, buscar situaciones de relación y encontrar métodos para traspasar conocimientos y experiencias.

A.G. En un reciente trabajo de investigación colectiva proponemos la tesis de que a principios de los años 2000 la asunción de ciertos conflictos sociales en el interior de determinados museos produjo unas actualizaciones y problemáticas muy concretas en el interior de las políticas culturales instucionales españolas que las han dotado de las pocas herramientas que a día de hoy resultan solventes para hacer frente a la crisis del modelo público cultural. ¿Este contexto te resulta reconocible?

M.M. Sí, hay un momento clave a principios de los años 2000 en el que se da una relación entre la Institución cultural y el conflicto social, por ejemplo el caso del MACBA y de las Agencias, un momento histórico en el que parecía no existir distancia emocional entre ambas subjetividades sociales. En ese momento y en los lugares en los que así ocurió el museo alberga la radicalidad, se produce un cambio de funciones y se da un momento de esperanza, de contacto con el mundo en presente y en futuro. Negarlo supone perder el contacto con lo real, adoptar lógicas de lo institucional que están más cerca de la academia que de la realidad y mantener estructuras individualistas que solo son hombres y nombres. Más adelante estas políticas personalistas, como forma de la política, volverían a ser cuestionadas por movimientos como el 15M en los que se da otra idea de la política, una comunidad de resistencia distinta a las que hasta ahora conocíamos como la marxista o la sindicalista. Mi posición desde el arte, la crisis que yo propongo, es una crisis del modelo artístico. Esta es una contradicción que me apasiona en el momento de exponer arte y que me interroga una y otra vez con la cuestión ¿Es este el lugar?

A.G. ¿Consideras que la falta de actualización de ciertos dispositivos expositivos pueden condicionar la supervivencia de determinadas prácticas artísticas?

M.M. Una buena manera de evaluar estas cuestiones es, por ejemplo, acudir a un centro de arte con voluntad de cambio radical y entrevistar a la gente de prácticas que trabaja allí. Es necesario identificar cuáles son los problemas que genera la reproducción de un funcionamiento que no es avanzado, que es conservador, que es en realidad el que estructura muchos de los museos que nos rodean, al menos aquellos que no se ponen en duda a sí mismos. Es necesaria una negociación continua. Desde la perspectiva de freelance, sin embargo, la situación no está mal, al menos tienes la opción de ser tú el problema. Inevitablemente estás mediatizado por la Institución pero no formas parte de su engranaje, lo que supone cierto margen de acción.

A.G. ¿Puede ser la escritura un formato expositivo?

M.M.: Es necesario desmontar gramáticas y esta es una práctica que puede hacerse desde el arte mediante la producción discursiva. Es un campo de lucha política que en ocasiones se olvida, por su naturaleza indirecta, pero es imprescindible para lograr la transformación de la institución. Mediante la poética emocional del arte se llega a la construcción de otras gramáticas. Tenemos la oportunidad de otra búsqueda de posibilidades para otras relaciones de poder y esa posiblidad pasa por lo lingüístico. ¿De qué modo podemos entender el dispositivo expositivo como un dispositivo textual?. El modo es dar claridad a otras escrituras con discurso crítico que lejos de la crítica a lo personal mejoren en su capacidad de análisis. Enteder la exposición como un metalenguaje flexible que acepta el descontrol por incorporación del trabajo artístico que no está controlado. Debemos utilizar la exposición para crear otras posiblidades de superación lingüística en lo editorial y en lo curatorial, caminar hacia una suerte de exposición expandida en la que el tiempo debe ser una cuestión primordial. Habitualmente pensamos la exposición como un espacio cuya transformación dota de performatividad a lo que ocurre en su interior, pero debemos pensarla también como un tiempo. La escritura es un contenedor y un tiempo que me fascina. El ejercicio de trabajar en los límites de la precisión de la escritura te permite abrir muchos cambios. Eso no significa que seas un escritor, es un item cultural que utilizas para que ese elemento cultural que es el texto consiga un lector que se deje seducir y permita un lugar de proximidad.

A.G. ¿Cómo valorarías la profesionalización del sector artístico en España?

M.M. En España no existe una tradición crítica y si ha existido se ha ocultado durante al menos los cuarenta años de dictadura, de manera que la tradición crítica que pueda haber en España ocupa un lugar subterráneo. No existe la posiblidad de hacer crítica pública sin tener un problema y esto se debe a una estructura patriarcal evidentísima así como a un fuerte machismo que marca nuestra sociedad, de base conservadora y que sumada a la fuerte presencia e influencia de la religión dan como resultado el modelo familiar como modelo profesional. Si queremos hacer una lectura en positivo de esa estructura patriarcal, mediante aproximaciones interseccionales nos encontramos con que no existen las palabras. En respuesta a esto hay toda una comunidad creciente dedicada a la producción de conocimiento en los márgenes y como infiltrados. En cuanto a la profesionalización artística tiene un punto perverso porque puede olvidarse, en esa profesionalización, el núcleo que es la creación. Si estás dirigido ya no tienes el control. ¿Qué es lo que marca los tiempos y los modos? ¿Por qué ha de ser necesario tener un statement como artista? Por supuesto existe una cuestión de responsablidad pero tendría que hablarse también de respeto, respeto por los individuos con capacidad sin que existan paternalismos. En un momento de crisis la salida hacia la emergencia ha sido un planteamiento económico y políticamente dirigido desde lo Institucional que lo justifica conviertiéndolo en un "apoyo" a lo artístico. Si tu posición es misionera no existe riesgo y el riesgo es el factor de actualización que marca la posibilidad. En cualquier caso más allá del binomio de lo institucional y lo no institucional el relato oficial está marcado por el origen de una voluntad de definición; hay que buscar un espacio en los límites de la Institcución, esos que vienen marcados por la economía neoliberal y trabajar desde la lateralidad.

A.G. Es recurrente el comentario en la Feria, de que esta edición de ARCO es una de las mejores de los últimos años ¿Qué te parece a tí?

M.M. Yo destaco la transparencia. Este ARCO es muy transparente. Se ha presentado durante mucho tiempo como una inciativa institucional cubriendo en parte el trabajo cultural que deberían realizar ciertos entes públicos pero ARCO es un mercado. Desde el punto de vista mediático, los medios hacen una determinada presentación del arte, delimitan una parte muy concreta y esto es un problema porque hace que el arte sea lo que no es y pervierte la distribución del capital simbólico. Desde el punto de vista del mercado tiene una buena visiblidad, la oferta de los foros y el trabajo con los invitados son parte de un determinado ejercicio económico que es el objetivo final de la Feria.