LA OBRA EXTRAÑA COMO UN SUEÑO
Vanesa Díaz Otero

La obra Vivencias de una urraca, primer ensayo sobre el exceso y el lujo, (2011) de Amaya González Reyes, es un trabajo audiovisual en el que la realidad y la ficción se confunden. Dibujo, La obra collage, instalación, fotografía, vídeo, la obra performance, conjugan la poliédrica lógica de una obsesión dando lugar a una estética onírica. La fantasía suelta las riendas de los aires de grandeza mientras convoca a brujas, princesas y lámparas maravillosas. A través de múltiples puntos de vista se dan cita las ilustraciones de Antía Sánchez, las esculturas de José Manuel Vidal, la música de Chiquita y Chatarra, la coreografía de Antía Díaz, el estilismo de Redpublica Moiré y obras de la propia artista. Todo ello se introduce en un torbellino de escenas que se encargan de guiar al espectador por la casa particular, el escenario del teatro, los salones de palacio o los caminos ajardinados.

La protagonista es una urraca, ave caracterizada por la astucia y una inclinación compulsiva a recolectar y esconder cosas preciosas. Prendada instintivamente de todo lo que brilla, pendientes, monedas, trozos de espejos, cintas de plástico y objetos perdidos, es conocida por robar los nidos de otras aves, y también por gritar de manera histriónica. En la Edad Media estuvo ligada a la brujería, y en la cultura popular se mantuvo su identificación con la mala suerte y el engaño, con su fama de huraña y sus conductas insociables. Actualmente, su alimentación variada, que incluye a otras aves jóvenes y desperdicios urbanos, propicia su adaptación a espacios alterados por la actividad humana siendo una de las especies más comunes en Europa. No exenta de intensos momentos de soledad y, según recientes estudios científicos, con capacidad para reconocer su propia imagen en un espejo, se convierte en un referente de la conducta especuladora y posesiva, y en metáfora de la insaciabilidad capitalista.

No resulta difícil contextualizar en la sociedad neoliberal a este personaje excéntrico ideado por la artista gallega. Del concepto de lo sublime en Burke, al arte como sublimación en Freud, los restos de la desmedida quedan recogidos en las artimañas de una cultura del simulacro, pretendidamente seductora, que transforma la experiencia de la pobreza en el deseo de ser otra. En la guarida de la urraca los pensamientos la corroen, su práctica fantasmática repele la realidad y ofrece la verdad extraviada en un juego de espejos, en un mundo de apariencias hasta quedar apresada en una cadena antigua e infinita de dependencias. El objetivo es atravesar el escaparate, ese límite transparente donde actualmente se elaboran los sueños y se transforman en la pesadilla de la mercancía. Del problema social a la fragilidad de lo subjetivo, el concepto de La obra plus-valia (Mherwert) en Marx se emparienta con el de La obra plus de goce (Mherlust) en Lacan, ambos remiten a la parte que se pierde en las relaciones. En este caso la adquisición de una lámpara tiene carácter de desembocadura: sólo pensar en ella, la persistencia de su imagen, y las confabulaciones para conseguirla. Volver a verla una y otra vez y pensar ¿cómo sería mi vida con ella? ¿cómo será su luz cuando la encienda durante la noche? ¿cómo se iluminarán todos los cristales? ¿se quedará hipnotizada frente a ella? ¿será su delirio, humillada por su tamaño, celosa de su esplendor? ¿y si todas las demás cosas a su alrededor se mueren de envidia? ¿y si ante tanto brillo la urraca se queda ciega? El lazo pulsional exige de ella tal esfuerzo que el deseo no cambia de lugar y se agota en la repetición. Debe resolver, entonces, cuestiones de peso o aceptar las consecuencias que devengan de su irresistible atracción.

El espacio de la fascinación privada se parece a la capacidad de elaboración artística. En ello podemos ver una pasión inconveniente –como son todas las pasiones–, eso que desordena la estructura social. Quizás la urraca y la lámpara envejezcan juntas o no, o su relación sea imposible desde el principio y para siempre. No habrá sido suya pero la habrá soñado, porque en cualquier momento de la historia, en este contexto de vínculos dañados, la frustración no es soñar con alcanzar lo imposible, el verdadero fraude es no soñar. El deseo, por su parte, implica hacerse cargo, dar cuenta incluso del fracaso de la historia de amor o de la quebrada “promesa de felicidad”. La artista encuentra esa condición de la pérdida, entre el deseo y la frustración, en la obra, inconsciente, que baila, de imagen en imagen, que queda fuera del discurso, extraña como un sueño.

“Ahora bien, la pérdida, por cruel que sea, no puede nada contra lo poseído: lo completa, si se quiere, lo afirma: no es, en el fondo, sino una segunda adquisición –esta vez toda interior– y mucho más intensa.” (RILKE, cit. por AGAMBEN, G. Estancias. P.21).

Vanesa Díaz Otero (1975) es licenciada en Bellas Artes en la especialidad de escultura (Universidad de Vigo). Recibe la beca Fundación Laxeiro para artistas gallegos en el extranjero. Ha realizado estancias en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (Cuba) y en la Kingston University (Londres). Ha expuesto en la Sala Alterarte (Ourense, 2011), Outono Fotográfico (Ourense, 2010), Bienal de Vilanova de Cerveira (Portugal, 2007), III Muestra Internacional Interferencia (Barcelona, 2006), Diferentes Museum Kloster Asbach (Alemania, 2006), Cleaning the house, CGAC (Santiago de Compostela, 2002), entre otros. Actualmente es profesora de la Escuela Superior de Diseño Pablo Picasso (A Coruña) y trabaja en la tesis doctoral. Es colaboradora habitual de la revista de arte y cultura contemporánea Artnotes de 2007 hasta su desaparición, en el año 2010. Ha publicado textos en diversos catálogos (Fundación Laxeiro 2007 y 2011, Fundación Feima Madrid 2008, Centro Cultural Montehermoso Vitoria 2008,…) y revistas especializadas. Ha participando en mesas redondas como Arquitectura Colectiva, (Instituto Andaluz de la Juventud, Córdoba, 2007), Implejidad (Centro Cultural Montehermoso, Vitoria 2010). #

A obra estraña como un soño

A obra Vivencias de una urraca, primer ensayo sobre el exceso y el lujo, (2011) de Amaya González Reyes, é un traballo audiovisual no que a realidade e a ficción se confunden. Debuxo, collage, instalación, fotografía, vídeo, performance, conxugan a poliédrica lóxica dunha obsesión dando lugar a unha estética onírica. A fantasía solta as rendas dos aires de grandeza mentres convoca a bruxas, princesas e lámpadas marabillosas. A través de múltiples puntos de vista, danse cita as ilustracións de Antía Sánchez, as esculturas de José Manuel Vidal, a música de Chiquita y Chatarra, a coreografía de Antía Díaz, o estilismo de Redpublica Moiré e obras da propia artista. Todo isto introdúcese nunha treboada de escenas que se encargan de guiar o espectador pola casa particular, o escenario do teatro, os salóns de palacio ou os camiños axardinados.

A protagonista é unha pega, ave caracterizada pola astucia e unha inclinación compulsiva a recoller e agochar cousas preciosas. Prendada instintivamente de todo o que brilla, pendentes, moedas, anacos de espellos, cintas de plástico e obxectos perdidos, é coñecida por roubar os niños doutras aves, e tamén por berrar de xeito histriónico. Na Idade Media estivo ligada á bruxería, e na cultura popular mantense a súa identificación coa mala sorte e o engano, coa súa fama de esquiva e as súas condutas insociábeis. Actualmente, a súa alimentación variada, que inclúe outras aves novas e desperdicios urbanos, propicia a súa adaptación a espazos alterados pola actividade humana, sendo unha das especies máis comúns en Europa. Non exenta de intensos momentos de soidade e, segundo recentes estudos científicos, con capacidade para recoñecer a súa propia imaxe nun espello, convértese nun referente da conduta especuladora e posesiva, e en metáfora da insaciabilidade capitalista.

Non resulta difícil contextualizar na sociedade neoliberal este personaxe excéntrico ideado pola artista galega. Do concepto do sublime en Burke, á arte como sublimación en Freud, os restos da desmedida quedan recollidos nas artimañas dunha cultura do simulacro, pretendidamente sedutora, que transforma a experiencia da pobreza no desexo de ser outra. Na guarida da pega os pensamentos a corroen, a súa práctica fantasmática repele a realidade e ofrece a verdade extraviada nun xogo de espellos, nun mundo de aparencias até quedar apreixada nunha cadea antiga e infinita de dependencias. O obxectivo é atravesar o escaparate, ese límite transparente onde actualmente se elaboran os soños e se transforman no pesadelo da mercadoría. Do problema social á fraxilidade do subxectivo, o concepto de plus-valia (Mherwert) en Marx emparéntase co de plus de goce (Mherlust) en Lacan, ambos remiten á parte que se perde nas relacións. Neste caso, a adquisición dunha lámpada ten carácter de desembocadura: só pensar nela, a persistencia da súa imaxe e as confabulacións para conseguila. Volver a vela unha e outra vez e pensar ¿como sería a miña vida con ela? ¿como será a súa luz cando a prenda durante a noite? ¿como se iluminarán todos os cristais? ¿quedará hipnotizada fronte a ela? ¿será o seu delirio, humillada polo seu tamaño, celosa do seu esplendor? ¿e se todas as demais cousas ao seu redor morren de envexa? ¿e se ante tanto brillo a pega queda cega? O lazo pulsional esixe dela tal esforzo que o desexo non muda de lugar e esgótase na repetición. Debe resolver, entón, cuestións de peso ou aceptar as consecuencias que deveñan da súa irresistíbel atracción.

O espazo da fascinación privada parécese á capacidade de elaboración artística. Nisto podemos ver unha paixón inconveniente -como son todas as paixóns-, iso que desordena a estrutura social. Quizais a pega e a lámpada envellezan xuntas ou non, ou a súa relación sexa imposíbel desde o comezo e para sempre. Non sería súa mais a soñaría, porque en calquera momento da historia, neste contexto de vínculos danados, a frustración non é soñar con alcanzar o imposíbel, o verdadeiro fraude é non soñar. O desexo, pola súa parte, implica facerse cargo, dar conta mesmo do fracaso da historia de amor ou da quebrada “promesa de felicidade”. A artista atopa esa condición da perda, entre o desexo e a frustración, na obra, inconsciente, que baila, de imaxe en imaxe, que queda fóra do discurso, estraña como un soño.

“Agora ben, a perda, por cruel que sexa, non pode nada contra o posuído: o completa, se se quere, o afirma: non é, no fondo, senón unha segunda adquisición –esta vez toda interior- e moito máis intensa.” (RILKE, cit. por AGAMBEN, G. Estancias. P.21).

Traducción: Iria Taibo.

The Dreamlike Strange Work

Amaya González Reyes’ Vivencias de una urraca, primer ensayo sobre el exceso y el lujo (2011) is an audiovisual piece in which reality and fiction get mixed. Drawings, collage, installation, photography, video and performance are cast according to a complex logic, giving way to a dreamlike sort of aesthetics. A lot of different viewpoints meet with the artist’s in the core of this work: Antia Sánchez’s illustrations, José Manuel Vidal’s sculptures, music by Chiquita y Chatarra, Antía Díaz’s choreography and Redpublica Moiré’s stylings. All that in a turmoil of scenes that guide the spectator through private spaces, the theatre stage, the palace’s halls or the flower-lined paths.

The protagonist is a magpie, a sly bird, usually depicted as treasure collector. Hooked instinctively to all things shiny, earrings, coins, mirror pieces, plastic bands and other kinds of lost objects, it is well known for thieving other birds’ nests and for its histrionic cry. In medieval times it was linked to witchcraft and in popular culture it is usually referred as omen of bad luck and deceit and symbol of unsociability. Nowadays, as a result of its eclectic diet, which includes other young birds and urban waste, it has successfully adapted to living in spaces altered by human factors, which has made it one of the most common bird species in Europe. Not alien to solitude and, according to some recent scientific studies, able to recognise its own image in a mirror, it becomes an icon for speculative and possesive behaviours, a metafor for capitalist insatiability.

It is not difficult to contextualize neoliberal society in this eccentric character chosen by the Galician artist. From Burke’s concept of the sublime, art as sublimation in Freud, the residues of excess are collected by that simulacrum society, apparently seductive, which transforms the experience of poverty into the wish of being another. In the magpie’s den, thoughts are corrosive; its own phantasmatic practice rejects reality and hides truth in smoke and mirrors, a world of pretences, until it is trapped in an old and endless chain of dependencies. The main objective is to cross the shop window, that invisible limit where dreams are nowadays conceived and turned into the commodity nightmare. From the social problem to the fragility of the subjective, the concept of surplus value (Mherwert) in Marx sits closer to Lacan’s surplus-jouissance (Mherlust), both referring to the part that gets lost in every relationship. In this case, the acquisition of a lamp works as the target: to think of it, the persistence of its image and the plots to get it. Looking at it again and again, thinking, how would my life be like with it? How would that light be when it is on at night? How would the glass glitter? Will the magpie be hypnotised with it? Will it be its delirium, humbled by its size, jealous of its splendour? And what if all things surrounding it die would turn green with envy? And what if the magpie goes blind by such brilliance? Exhausted by its drives, desire doesn’t change its position and is exhausted in repetition. The magpie must solve all this questions or assume the consequences of this irresistible attraction.

The domain of private fascination is similar to the artistic capacity. In it we can find an inconvenient passion – just like all passions -, a catalyst for social structure disorder. Maybe the magpie and the lamp will grow old together, or maybe not; maybe their relationship is impossible from the beginning and forever. The lamp might never belong to the magpie, but the magpie will have a dream of it and, in any moment in History, in this context of broken links, frustration is not dreaming of the impossible, the real fraud is not to dream. In turn, wishing implies to be aware, to realise even the failure in love stories or in broken “happiness promises”. The artist finds that feature of loss, between wish and frustration, in her own work, unconscious, dancing, from image to image, out of discourse, strange as a dream.

“However, loss, cruel as it may be, is powerless against what is kept: it makes it whole, somehow, it affirms it; it is not but a second acquisition – this time a fully inner acquisition– and way more intense.” (RILKE, cit. by AGAMBEN, G. Estancias. P.21).

Traducción: Juan Fernández Navazas.