P L É T O R A #3

Comisariado. La indestructibilidad del objeto frágil

Pipilotti Rist / Marcelo Maloberti / Jimmie Durham / Gwenaël Bélanger / Christian Marclay / Roman Coppola / Michelangelo Antonioni / Douglas Gordon / Yosuke Yamashita / Sonic Youth

Romper algo para cambiar su significación, mudando drásticamente nuestra relación afectiva con el objeto. Cuando se destruye un objeto se transgrede morfológica y simbólicamente, separándolo obligatoriamente de su funcionalidad. Se destruye también para proyectar un desorden, una frustración, ya que tiene algo o mucho de catarsis... Pero más allá de una posible apología de la destrucción mediante una especie de sublimación estética, ¿De qué nos sirve la destrucción como estrategia?

La destrucción como modus operandi artístico, se exploró un 11 de septiembre, pero no me refiero al de 2001. No comulgo ni mucho menos con el compositor alemán Karl Heinz Stockhausen en esa sublimación estética de los atentados, cuando declaró que el ataque a las Torres Gemelas había sido la primera gran obra de arte del siglo XXI. Me refiero al 11 de septiembre pero de 1966, cuando se celebró en Londres The Destruction in Art Symposium (DIAS), concebido y organizado por Gustav Metzger. Participaron alrededor de cien creadores entre artistas y poetas de dieciocho países diferentes. Los artistas contribuyeron a través de textos teóricos, documentación, obras o con su propia presencia en Londres, para realizar acciones artísticas de carácter destructivo. DIAS reflexionó sobre el uso de la destrucción como modo de resistencia a la violencia psicológica, social y política, explorando las estructuras y procesos implícitos entre destrucción y creatividad. Pero, ¿qué implica la destrucción del objeto en este contexto tardo capitalista?

Sabemos que a menudo se ha utilizado la destrucción a modo de resistencia, como vía de escape en un determinado momento de tensión social. Recuerdo hace casi diez años ver arder coches por doquier en los disturbios de Francia. Siempre me ha parecido absurdo este tipo de acciones a priori revolucionarias. En más de quince días, se quemaron alrededor de ocho mil setecientos vehículos. Por la propia lógica del objeto industrial, intentar combatir lo que representa destruyéndolo, es sin duda un acto irreflexivo y, como veremos, contra revolucionario.

Esto lo vio claramente Ulrike Meinhof en uno de sus artículos más significativos publicado en el nº 14 de la revista konkret del 11 de abril de 1968. El artículo se llama Incendio de un gran almacén y hace referencia al incendio provocado en la principal calle comercial de Frankfurt en aquella primavera. Cuando fueron detenidos los responsables, declararon que querían prender fuego a los grandes almacenes, para protestar contra la indiferencia de la sociedad ante el genocidio en Vietnam. Meinhof argumenta en este ensayo, que este tipo de ataques contra el consumismo, no perjudica ni molesta al mundo consumista, más bien esta acción la favorece.

“...la destrucción de la riqueza producida socialmente mediante el incendio de un gran almacén no se diferencia esencialmente de la destrucción sistemática de la riqueza social por medio de la moda, el empaquetado, la publicidad, el deterioro programado. Así las cosas, el incendio de un gran almacén no es ninguna acción anti-capitalista, sino más bien mantenedora del sistema, contra revolucionaria."

Por lo tanto para Meinhof este tipo de acciones consuma el recorrido económico capitalista. De alguna manera estas acciones aceleran el circuito, favoreciendo la lógica de la mercancía en este marco tardo capitalista. Romper, destrozar, o como en este caso, quemar unos grandes almacenes, es en sí mimo según Ulrike Meinhof, contra revolucionario. Destruir los bienes favorece al sistema, contradiciendo de facto las intenciones supuestamente anti-capitalistas de la propia acción.

El acto de destrucción es por tanto solidario con la propia lógica de producción capitalista, acelerando el recorrido de la mercancía que lleva a esta a su finalidad última, ser desechada, apartada de su uso para dejar el hueco necesario para su rápida sustitución.

Esto me hace pensar en la lógica del Objeto indestructible de Man Ray. Ese metrónomo en cuyo péndulo había dispuesto una fotografía recortada de un ojo. En un principio la obra se titulaba Objeto a destruir, y con esa intención la concibió. De hecho escribió unas instrucciones de como destrozar la obra valiéndose de un martillo. Man Ray nunca lo destrozó, pero unos estudiantes lo hicieron por él, años más tarde durante una exposición dedicada al Dadá. La aseguradora quiso remplazar la obra sin más, a lo que se opuso Man Ray. Defendió la originalidad del objeto, y se negó a su reemplazo alegando que tampoco se remplazaría una pintura. Aprovechó los mil francos que le otorgaba el seguro para crear un centenar de obras replicantes de la obra destruida. En este momento fue cuando rebautizó su pieza, dejando de llamarse Objeto a destruir, para convertirse en Objeto indestructible. En este caso como cualquier objeto industrial, su indestructibilidad se encuentra en la propia multiplicidad del objeto, haciendo estéril en este juego, cualquier amago de destrucción.

Pipilotti Rist: Ever is Over All (1997)

En la video instalación podemos ver a una mujer sonriente caminando a cámara lenta. A medida que avanza por la acera, va rompiendo las ventanillas de los coches estacionados. La protagonista ejecuta alegremente actos delictivos, con el beneplácito de los viandantes e incluso de la propia policía. Rist yuxtaposición en este acto de destrucción, la violación del orden con una actitud inocente y festiva, envuelto en un ambiente onírico.

Marcello Maloberti: Die Schmetterlinge essen die Bananen (2010)

Performance de Marcello Maloberti en la Generali Foundation de Viena. Acción de carácter colectivo, alinea a catorce personas que soportan cada una de ellas un tigre de porcelana. Lo alzan durante un minuto y pasado este tiempo lo dejan caer al unísono. Los catorce tigres se hacen añicos interesándose el artista por el desconcierto y leve caos que genera tal acción.

Jimmie Durham: St. Frigo (1996)

La irónica acción de Durham que consiste en apedrear un frigorífico durante diez días, empleando una hora cada día. La presentación en sala consta de una video instalación que recoge esta acción y el propio frigorífico con los signos del apedreamiento. La destrucción en este caso como absurda rutina diaria.

Gwenaël Bélanger: Chutes (2002-2005)

Este video es un catálogo de reacciones físicas de diferentes objetos que sufren al caer. El artista articula el trabajo de tal manera que frustra la linealidad del los acontecimientos. Gwenaël Bélanger no muestra a priori el impacto inevitable de los objetos, obligando al espectador a imaginar el choque de estos contra el suelo y su respuesta según su materialidad.

Christian Marclay: Guitar Drag (2000)

Obra que muestra como una guitarra Fender Stratocaster está siendo arrastrada por una furgoneta a lo largo de los caminos rurales de Texas. Por un lado el artista se muestra interesado en la sonoridad que produce la guitarra sometida a esta acción, siendo además un guiño a la destrucción de los instrumentos provocados por las estrellas del rock. Más allá de esto, en esta obra también hay una clara referencia al brutal asesinato de James Byrd Jr. en esos mismos caminos.

Roman Coppola: Videoclip del tema Gangster Trippin de Fatboy Slim (1998)

Al parecer el guión de este videoclip solo contenía una frase, algo así como “cosas explotando” . Y en eso consiste realmente. Se puede ver como diferentes muebles y electrodomésticos saltan por los aires en cámara lenta. Parece un claro homenaje a la escena final de la película Zabriskie Point (1970) dirigida por el italiano Michelangelo Antonioni que veremos a continuación.

Michelangelo Antonioni: Zabriskie Point (1970)

Escena final de la película Zabriskie Point que comentábamos anteriormente. Vemos como explotan diferentes elementos domésticos en una recreación visual a cámara lenta. En este caso Pink Floyd aporta la banda sonora mientras vemos la desmembración que sufren los diferentes objetos.

Douglas Gordon: The End of Civilisation (2012)

En esta video instalación nos muestra Gordon como se consume un piano de cola por el fuego. La acción se filma en Cumbria, frontera entre Inglaterra y Escocia. Este emplazamiento no es inocente ya que en su tiempo fue el límite del Imperio Romano.

Yosuke Yamashita: Burning Piano (2008)

Acción del pianista de jazz Yosuke Yamashita , tocando un piano en llamas en una playa al oeste de Japón. Al parecer fue un acto de agradecimiento hacia su viejo piano. No era la primera vez que el pianista japonés hacia tal cosa. En 1973 hizo lo propio con otro piano, siendo registrada la acción por el director Kiyoshi Awazu en el cortometraje Burning Piano. Estas acciones no escaparon de ciertas criticas en Japón por la propia destrucción del instrumento.

Sonic Youth: Piano Piece #13 (For Nam June Paik)

Por la lógica de las obras que disponemos no podía dejar de mencionar al movimiento fluxus y su relación violenta con los objetos. Podía mencionar por One Violin solo de Nam June Paik entre otras muchas acciones de aquella época. En este caso evoco a aquel movimiento a través de Sonic Youth en su interpretación de esta pieza de George Maciunas.

Foto de portada: Michelangelo Antonioni, Zabriskie Point (1970)