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  • "Me supone mucha alegría y emoción plasmar a mis amigos con la mejor intención"

    Entrevista a Joseba Muruzábal Pérez

    Joseba Muruzábal, pintor, vive y trabaja en Santiago de Compostela, donde comparte taller con varios artistas que constituyen uno de los núcleos creativos más interesantes de la ciudad. A los amantes y detractores de la pintura contemporánea que no conozcan su obra les invito, desde aquí, a que se acerquen a su mundo.

    P. Llevas varios años trabajando en el mismo proyecto: “Mis amigos y sus perros”. Pintando a la misma gente. De alguna forma estás construyendo un retrato social de época. ¿Podrías explicarnos cuál es tu vínculo con el mundo que representas en el lienzo?

    R. Son mis amigos de toda la vida.

    P. En tus cuadros siempre aparece un fondo que contextualiza a los personajes, parece que se entremezclan modelándose el uno al otro. Creo que tu obra, en su conjunto, ofrece una visión muy actual del paisaje gallego.

    R. Las localizaciones de mis cuadros son siempre las mismas, nosotros llevamos “parando” en los mismos sitios mucho tiempo. En relación al paisaje gallego, creo que Fadesa podrá haber hecho otra reproducción de La Barcala en cualquier otro sitio de España, sólo el monte que se ve en lontananza puede situar al espectador en la periferia de una ciudad y con mucha imaginación en Galicia. Creo que el paisaje gallego es heterogéneo y lleno de curiosidades; el de mis cuadros, al contrarío, es monótono, seco y con poca gracia, lo que aumenta la sensación de tedio en mis cuadros, y esto sí me interesa mucho.

    P. Cuando veo tu trabajo tengo la impresión de estar ante un álbum personal pintado al óleo…

    R. Estás en lo cierto, tanto para mí como para mis amigos lo es. En esta especie de “álbum” vemos que seguimos siendo como siempre, sólo que un poco más estropeados.

    P. Tus personajes no pretenden trascender a la eternidad, y así los pintas. Afirman su propia existencia en el tiempo. Como cuando a uno le enseñan una fotografía y dice: ”yo estuve aquí”.

    R. Todavía no pensamos en el “yo estuve aquí” por que seguimos ahí, pero con los años llegaremos al momento que tiene toda imagen en la que el paso del tiempo la hace más entrañable.

    P. Buena parte de la fotografía contemporánea, desde hace décadas, tiene como referente la historia del arte y la tradición pictórica. Sin embargo, en tus cuadros, parece que esta relación se invierte: ¿cómo utilizas la fotografía en tu proceso creativo?

    R. Utilizo la fotografía sólo como una herramienta que me sirve para conseguir el momento que me interesa pintar.

    P. Tu metodología de trabajo: el tiempo.

    R. Mi obra se reafirma en el tiempo como serie, es decir, cada cuadro potencia el sentido del anterior ya que permite al espectador ir conociendo más el contexto que se retrata. Los personajes van madurando a la vez que mi pintura.
    En cuanto al tiempo de trabajo, la utilización del óleo requiere otro ritmo de trabajo, más lento, más antiguo. Quizá para el espectador una fotografía resulte igual de efectiva, pero para mí, la forma de reflejar el cariño hacia lo que retrato, es a través de la pintura y del tiempo invertido. Durante la ejecución de un cuadro paso por momentos tediosos y otros de muchísima excitación, con la fotografía no me implico tanto, pero sin ella no tendría un punto de partida.

    P. Me llama mucho la atención la distancia desde la que te sitúas para pintar las escenas y los personajes. Se percibe cierta frialdad que inspira ternura y respeto, alejándose de la mirada morbosa o exótica del otro . ¿Existe ese otro? ¿qué supone para ti dejar parte de tu vida plasmada en un lienzo?

    R. Cuando empecé a trabajar con mis amigos, intentaba enseñar lo peor de ellos (y de mí). Se trataba de vídeos en los que exponía la vida nocturna de mis amigos, drogas, fiesta y calle. Ahora sólo es un mundo de calle, y de día. La pintura, no es tan explícita como puede ser un video. El video no permite al espectador aportar nada sobre lo que está viendo, sin embargo, la pintura tiene una lectura más abierta y deja espacio a las propias conclusiones del espectador. Comparándolos con mis vídeos anteriores, mis cuadros sugieren mucho más de lo que enseñan. Se que mis vídeos, por su crudeza, eran más impactantes que mis pinturas; pero esta nueva forma de trabajar es más respetuosa con el retratado. Me supone mucha alegría y emoción plasmar a mis amigos con la mejor intención.

    P. Nunca apareces en los cuadros.

    R. Pues claro, yo hago la foto.

    P. A pesar de la influencia de la fotografía en tu pintura, técnica y conceptualmente pretendes que siga siendo pintura y que no se confunda con un intento de representación exacta de la realidad donde desaparece el trazo del pintor. Tienes una pincelada muy sugerente, ¿cómo catalizas la tradición pictórica de la que partes?

    R. Todavía estoy muy lejos de hacer lo que quiero, me sobran pinceladas.

    P. Actualmente, por tu edad y contexto, podemos considerarte un joven representante de la pintura gallega emergente. ¿Qué opinas de la situación actual de la pintura en el contexto gallego?

    R. No me consideraré emergente hasta que mis cuadros se vendan en un ámbito artístico. Pinto un perro por 350 euros, dos por 500 y con dueño 1000.

    P. Llevas ya varios años dedicándote exclusivamente a pintar, ¿cómo se gana la vida un joven pintor en Galicia?

    R. Casi nadie de mi quinta vive de su obra. Yo vivo de encargos, decorar locales y pintar paisajes en casas.; no lo considero arte pero complementa de una forma interesante mi formación como pintor. Este mes pinté una pescadería, una juguetería y una empresa de limpieza.

    P. ¿Qué pintores de tu misma generación te interesan?

    R. Los pintores que yo conozco no están valorados aquí. Muchos de ellos se tuvieron que ir a buscarse la vida fuera. El Liquen (Aleandro Gómez), por ejemplo, siendo un fenómeno, aquí está infravalorado, se fue a México, y su situación cambió totalmente. El Pelucas (hermano de Liquen) y Nan (Fernando Vázquez), otros dos craks, también decidieron irse a buscar el éxito que merecen en México. Otra pintora a considerar es Beatriz Lobo, que en estos momentos está en Berlín. Otros muchos que se quedan aquí no se comen ni los mocos haciendo cosas de la hostia.

    P. ¿Crees que hay conciencia de generación en Galicia por parte de los pintores y otros artistas de tu misma quinta?

    R. La mayoría de nosotros, jóvenes artistas “sumergidos”, nos conocemos y somos amigos, pero cada uno hace cosas muy diferentes y, por lo menos yo, no tengo conciencia de generación.

    P. Actualmente resides y tienes tu taller en Santiago de Compostela, capital política y cultural de Galicia. ¿Qué te ofrece esa ciudad como artista?

    R. A nivel institucional supongo que lo mismo que el resto de ciudades gallegas, pero en un contexto más underground, como era el caso del FAC Peregrina, se nos ofrecía un sitio de exposición y discusión alternativos para los artistas que estamos fuera del circuito “oficial” de galerías y museos. También hay bares como El Puente que apuestan, con el riesgo que ello conlleva, por música más experimental como puede ser el free jazz. Seguro que hay muchas otras cosas, pero no se puede ir a todo que si no no se trabaja nada.

    P. Y ahora, ¿ te gustaría irte de Galicia para pintar en otros sitios? ¿ a dónde te irías?

    R. No tengo pensado marcharme, estoy muy cómodo viviendo entre Santiago y Coruña. Me supondría empezar de cero, en Coruña tengo trabajo y el motivo de mi obra, además de mi familia y amigos. Carecería de sentido pintar a mis amigos en otro país, tendría que pensar en hacer otras cosas y no quiero. En Santiago me centro mejor para pintar mi obra, mi taller de La Barcala era más un centro social para jugar a las cartas y todo tipo actividades ajenas al arte que un lugar de trabajo. Ahora, en Santiago, tengo otro taller, y el ambiente es totalmente distinto. Quizá pintar en el sitio aportaba un plus de autenticidad a mi obra pero vi necesario alejarme un poco si quería tomarme en serio la pintura.