P L É T O R A #3

Transcripción desordenada de una conversación con Sylvie Marchand

Estamos en Villefagnan en casa de Sylvie Marchand, es 23 de octubre y vamos ha hacer una entrevista sobre Continent Rouge [1].

Tengo que ir un poco hacia atrás y volver a una búsqueda que empecé en el circo. Mi vida realmente empezó cuando tenía 17 años, entonces yo quería vivir en la carretera, como artista, viajando con animales, y encontré a un chico que tenía el mismo sueño que yo. Comenzamos a construir un circo porque él había nacido en uno, procedía de una familia de artistas circenses. En aquel momento yo ya estaba buscando otra manera de vivir, otra manera de experimentar el mundo, en movimiento. Mi vida empezó con este movimiento de salir de mi familia e ir a vivir con gente diferente, con una cultura diferente, una cultura nómada. Mi primera experiencia del arte fue a través del circo, en relación al equilibrio, al movimiento en el aire y a los animales.

La relación con los animales fue muy importante. Actuar con animales requiere mucho esfuerzo, los animales no hablan. Tenia que encontrar una forma de comunicarme con ellos para poder realizar un acto juntos. El proceso de tratar de entender otras culturas incluido el mundo de los animales, construir un dialogo con la vida animal, con la vida de la naturaleza, constituyó mi búsqueda en aquel momento y durante aquellos años encontré algo en el circo, realmente conseguí comunicarme con los animales! Ocas, patos, perros, caballos, gatos y monos, tenía incluso 7 monos, y con ellos hacía un acto de circo. Comunicarse con animales es trasladarse a otro mundo que no es el mundo, fijo, de comunicación de hechos, es trasladarse a un ambiente emocional.

Encontré a Gustavo por casualidad a través de una máscara de lucha libre que se había dejado en una residencia en Noruega. Pedí su correo electrónico y le escribí. El me dijo: “voy a hacer un evento de performance en la Sierra”. Sobretodo me acuerdo de una palabra suya: “estoy haciendo una locura total, estoy tratando de organizar un encuentro internacional de performance en la Sierra Taraumara, ¿Quieres venir?” Nunca me había encontrado con él, solamente había visto una grabación de una performance que había hecho durante el invierno. En el vídeo había un mejicano que llevaba una bolsa negra en el rostro y no podía ver. La performance consistía en caminar a través de la ciudad de Stavanger un día de nieve. Era muy extraño ver a alguien del sur así; buscando, sin poder ver, su camino. El propósito de la performance era ser ayudado por la gente de la ciudad y, como extranjero, sin poder ver, explorar cómo se puede pedir socorro. Naturalmente nadie lo ayudó. La performance me toco muchísimo, era una imagen de una enorme fuerza, que me dijo que tenía que tratarse de una persona interesante, por eso le escribí.

Simultáneamente estudiaba etnografía. ¿por que de etnografía? No me interesaba cualquier etnografía, me interesaban la antropología de la religión, la psicología de la medicina y la etnopsicología. A través de estos estudios quería entender lo invisible y también quería comprender los procesos de curación; cómo mejorar el mundo, cómo mejorar el cuerpo enfermo. Me interesaban muchísimo los rituales. Estudié la lengua Bambara en áfrica y después viaje a estados unidos para encontrar nativos, afroamericanos y gente de origen francés que cura a través de rituales de procedencia europea, De todos los rituales que estudié los que más me interesaron fueron los del Vudú; cómo los doctores Vudú utilizaban colores simbólicos, cómo a través de rituales se utilizaban el cuerpo y la música para recoger salud.

Entonces comprendí que lo que había estudiado en la universidad, la teoría, la antropología, no bastan para dar cuenta de lo que sucede en un ritual. Yo me ganaba la vida haciendo entrevistas, hablando con la gente, hablando cada día con personas muy diferentes, trabajando en la Library of Congress de Washington para hacer una colección de narrativas orales. Comprendí que con ese material oral se podría haber hecho algo diferente que fuese mas allá de dar cuenta de cada una de las historias analizándolas mediante las teorías del estructuralismo que había aprendido en la escuela. Trabajaba con danzadores y performers y poco a poco, tomo como 5 años, me fui dando cuenta que tenia un punto de vista, como autora, un punto de vista propio. A través del arte, con el uso de colores, sonidos y formas simbólicas se podía expresar mucho mejor lo invisible, lo que ocurre entre las personas en un ritual, que a través de las teorías que había aprendido.

Si quería ir al encuentro tenía que estar en Guachuchi, el 21 de marzo, a medio día. “Tienes que estar a medio día en Guachuchi en la plaza mayor”, es la única información que recibí. Miré en Google Maps y comprobé que Norogachi y Guachichi existían, pero descubrí que no había ninguna carretera para ir, así que decidí salir con cuatro días de antelación para asegurarme de que podía llegar un 21 de marzo. Los dos primeros días puntualmente como había planeado; el primer día a DF, el segundo día a Chiguagua, pero a partir de allí fue mas difícil encontrar el camino. Tuve que llegar a Chiguagua para poder averiguar como llegar desde allí a Norogachi, que son 400 kilómetros aproximadamente, claro hay que organizarse! Allí la gente me dijo que había que ir a través de Parral en autobús.

Lionel Camburet y Sylvie Marchand grabando a Erasmo, Elvira y Lucio Palma en la sierra Taraumara. | Lelio Moehr

En Continent Rouge hay dos personajes importantes, uno es Pancho que ha sido nuestro enlace, que nos ha llevado a muchos lugares y encuentros con familias Rarámuri para ver sus rituales. El otro es Erasmo Palma, un poeta que encontró a Antonin Artaud en 1936 cuando fue a Norogachi. Bueno, que dice que encontró a Artaud, Erasmo tenía entonces ocho años y no se si se puede recordar con claridad algo de cuando tenías ocho años. No debería decirlo, pero no está probado que realmente se encontrasen, lo único que esta claro es que Erasmo esta seguro de que se lo encontró y que ambos estuvieron en el mismo lugar en el mismo momento. Erasmo ha construido una imagen del encuentro y -¿qué es mas importante?- la historia que es verdad o la historia que imaginas. En este caso las dos se cruzan, es lo que me interesa. Para el y para el resto de las personas que hablan de Artaud en Norogachi.

Hace 40 años Erasmo Palma no podía escribir en su lengua materna, el Rarámuri no tenía reconocimiento como una lengua para escribir poesía. En mi opinión es muy importante la evolución que ha habido en el pensamiento. Sin embargo, aunque en la actualidad se publica, como un libro, la lengua Rarámuri escrita es una transcripción, se trata de una transformación de la tradición oral. El Rarámuri no va a morirse dentro de las páginas de los libros pero va a secarse. Podemos decir que es una evolución porque existe, aunque, pese a estar escrito. En mi opinión la tradición oral da fuerza a lo que Antonin Artaud pensaba sobre lo que debían ser el Arte y la Poesía; dar voz al cuerpo, que la voz pase por el cuerpo.

Entonces me dijo: Puedes tomar este autobús hasta Rochiachi, allí tienes que salir y esperar, trata de encontrar a alguien que te lleve. Desde entonces he hecho el viaje varias veces, pero en aquel momento era la primera vez que lo hacía y no sabia si sería capaz de encontrar a alguien que me llevase. La parada del autobús en Rochiachi es un cruce de dos carreteras, hay una casa y nada mas, está desierto. Sin embargo se sabe cuando hay un blanco que necesita que lo lleven a algún sitio. Salí y esperé, no me acuerdo exactamente cuanto tiempo, pero como al cabo de una hora alguien vino a recogerme y empezamos de nuevo el viaje hacia Norogachi. El camino era una pista, en aquel momento no había carretera, ahora si la hay, es muy diferente, se hace en una hora la distancia que entonces llevaba tres. Así que tres horas después, sobre las diez o las once de la noche llegué a Norogachi. Era miércoles y la Semana Santa había empezado. Estaba oscuro, había fuegos en todas partes y se veían desde muy lejos, en las colinas de la sierra y en los cruces de carreteras.

Cuando llegué a Norogachi, pregunté por Magda, la esposa de Gustavo, y otra persona me guió. No la pudimos encontrar ese día, pero la gente comprendió que estaba con Gustavo, que era parte del grupo. Todo se sabe, es increíble, te sientes parte de una energía que te lleva. Es muy fácil! Desde lejos parece imposible, pero en cada lugar encuentras ayuda, guías, gente que te lleva. Fue muy agradable, viajar como en una historia, de un capítulo a otro. Así llegué a casa de Elva y a partir de ese momento me quedé allí. Es una mujer mestiza que tiene una casa bastante grande, muy, como decirlo, simple. Es muy simple la vida en la sierra, no hay lujo. Pero hay buena comida, ella es muy buena cocinera. Al día siguiente, por fin volví a ver a Gustavo, con un bastón para ayudarle a caminar.

Empezamos a descubrir la sierra solos a pie, a Lionel y a mi nos gusta caminar. Es un paso, el ritmo del cuerpo, lo que se puede hacer en un día con dos pies, dos piernas, es el tiempo del cuerpo. Por eso es la forma que más nos gusta para conocer un lugar, andando se descubren pequeños espacios escondidos y es como se encuentra a la gente. Así encontramos a Pancho, que nos vio y nos reconoció un domingo en la iglesia, cada domingo la gente se reúne en la iglesia, el nos había visto caminando muy lejos de Norogachi y creo que le había gustado nuestro afán por descubrir la sierra, por eso platicó con nosotros. Un día, al cavo del tiempo, vino a recogernos a la casa en la que nos quedábamos para conducirnos a distintos lugares. Desde ese momento nos hicimos muy amigos y pudimos hablar sobre nuestro interés por los rituales, sobre la búsqueda que estábamos haciendo, así comenzó a ayudarnos.

A él le gustan mucho las fiestas y los encuentros, es alguien que ha trabajado en las ciudades, como emigrante, ha viajado. Por eso no tiene miedo y conoce las maneras de la gente blanca como nosotros. Hay Rarámuris que son muy amables pero no quieren … Él es muy curioso y habla más que muchos Rarámuris, que son muy tranquilos, que miran al mundo, que oyen, que escuchan, son muy... Los blancos hacen ruido con palabras, siempre platicando, es como si el aire estuviera vacío y tuviéramos que hacer ruido para llenarlo. Los Rarámuris pueden quedarse silenciosos a escuchar el mundo y podemos estar juntos escuchando, mirando, sintiendo el mundo, sin hacer nada mas que estar juntos, sin tener que hacer ruido con palabras. Pancho también es así, pero conoce a los blancos y sabe hacer ruido con palabras.

Artaud no es muy conocido, en Norogachi hay una escuela y la mujer de la biblioteca nunca a escuchado nada acerca de él, sólo la gente mas vieja lo recuerda. Continent Rouge es un proyecto que trabaja a partir de imágenes mas que de presencias. Por ejemplo, hemos encontrado al hijo del guía de Antonin Artaud, desafortunadamente el guía murió hace 5 años y no pudimos conocerlo, sin embargo su hijo se acuerda de lo que le contaba su padre. Se trata de imágenes diluidas en el tiempo, siluetas; la manera de hablar, de recordar, creo que se puede percibir en el proyecto cuando se escuchan fragmentos de los encuentros con Artaud. Se trata de una construcción, de una creación y precisamente me interesa ese punto de vista. Existen tres planos; lo que yo pienso que Artaud estaba buscando, lo que Artaud estaba buscando, que sólo conocemos a través de lo que escribió, y lo que la gente de Norogachi recuerda de Artaud y cree que estaba buscando. Son tres puntos de vista muy entrelazados que es interesante entrelazar. No hay una sola verdad.

Este proyecto nació de encuentros, nació de el encuentro con Gustavo, antropólogo performer que vive en Méjico, de mi encuentro con el pueblo Rarámuri, Rarámuri quiere decir los que danzan con pies ligeros. El concepto de Continent Rouge es una búsqueda, una búsqueda que yo estoy haciendo, que Gustavo también está haciendo y que antes que nosotros hizo Antonin Artaud.

Creo que voy a liar un cigarrillo...

Fotos de portada: Primeras pruebas del montaje de la instalación central de Continent Rouge en la casa taller de Sylvie Marchand y Lionel Camburet en Villfagnan (verano de 2012) y del montaje de la instalación en el Centre nacional des écritures du spectacle en La Chartreuse (primavera de 2013). By-Nc-Sa, Horacio González.


[1Continent Rouge es un proyecto de la compañía de artistas nómadas Gigacircus en colaboración con el colectivo sonoro Escoitar dirigido por la antropóloga, realizadora y artista multimedia Sylvie Marchand, producido a través del programa de residencias del Centre nacional des écritures du spectacle en La Chartreuse, Avignon, y presentado en Mai Numérique en Carcassone en primavera de 2014.